martes, 15 de enero de 2008

Un nuevo espécimen en discordia . . .

Muy buenos días a todos, ayer recibí la invitación del culpable de que, aunque solo sea aquí, internet se convierta en algo útil y provechoso para todo aquel que aun le quede algo de conciencia y se atreva a pensar un poco más allá de lo que le dice la caja tonta.
Ante tamaña oferta, únicamente se podía esperar una respuesta, que sería el mayor alarido que se podría vociferar mientras una S y una I se unían en algún lugar de mi garganta.
Y os preguntareis: ¿Quién carajo es este pibe que viene aquí a transformar este camino solitario en dos sendas paralelas en la misma dirección.
Pues veo lógico vuestro interrogante y procedo a solventarlo de la manera mas representativa posible.
Yo creo que se me podría definir como una más de las mentes enfermas que ayudan a componer todo el elenco de la mayor mierda que puede corretear por la red; pero no os dejéis llevar por la connotación peyorativa que conllevan las palabras “mentes enfermas”, ya que, para mi al menos, es una de la cosas de las que mas orgulloso me siento, ya que eso te permite practicar una abertura en ella por la que permitir entrar a otras, como puede ser la del creador de este bloggo.
Ahora hace poco más de un añete que nos conocimos, a través de ese pequeño y mágico músico que puso banda sonora al primer encuentro, aquella noche en la victoria donde, nada más conocernos, ya estabamos jugando a piedra – papel – tijera mientras Peter Griffin se paseaba por nuestras mentes, entumecidas por el Royal Swan en proporción 3n/2 (aunque aquella noche bebiamos Vat 69, que me acuerdo yo :p).
Hasta entonces, únicamente con dos personas había experimentado una conexión mental tan bruta, una de ellas era este músico erreguezoñiano (cuyo 21 aniversario es hoy, por cierto), y la otra un mágico hombre seminegro que también forma parte de esta diarrea encefálica que nos envuelve; pero con el Cala fue brutal, en poco más de un año hemos vivido situaciones tremebundas y carcajadas que resonarán por siempre en mis recuerdos, acompañados de la mejor gente que uno podría pedir, que nos han unido y han hecho que pueda compartir con él este proyecto dónde denunciar todos aquellos aspectos de esta estupida y pútrida sociedad infecta, que nos entumezcan el alma y nos mastiquen el espiritu, o simplemente, todas aquellas mierdas que nos hinchen las gónadas hasta el punto de evocarnos a escribir un puñado de líneas que nos proporcionen esa ansiada vía de escape temporal.
Todo lo que escribiese a partir de este momento lo único que provocaría sería un horrible jumekamiento a chotiko pekeño y mojaete que convertiría esta presentación, aun más, en una soberbia bazofia, así que procedo a finalizar aquí.
Lo único que preveo de este nuevo proyecto en común es magia, magia y más magia, pero sin prisas; que todo lo que aquí se sirva este en su justo punto . . . (y no como esta presentación, xD, que se me ha ido un poco de las manos, y a caido un poco en lo esperpéntico, jejeje, y por ello imploro vuestro perdón, acrecentado con la promesa de que “no volverá a pasar”)

Abrazos de Puerk´O a todos.

sábado, 12 de enero de 2008

¿Sociópata o revolucionario?

[...] Siempre he sentido, en cierto modo, una especie de afinidad con la gente de color, porque su situación es igual a la mía: nos hallamos fuera del círculo de la sociedad norteamericana. Mi exilio es voluntario, por supuesto. Es evidente, sin embargo, que muchos negros desean convertirse en miembros activos de la clase media norteamericana. La verdad es que no puedo entender porqué. He de admitir que este deseo suyo me lleva a poner en entredicho sus juicios de valor. Pero si quieren integrarse en la burguesía, no es asunto mío, en realidad. Pueden ratificar si quieren su propia condenación. Yo, personalmente, protestaría con todas mis fuerzas si sospechase que alguien intentaba auparme a la clase media. Lucharía contra el individuo descarriado que intentase auparme, desde luego. La lucha tomaría la forma de manifestación de protesta con los carteles y pancartas tradicionales, que, en este caso, dirían: "Muerte a la clase media, "Abajo la clase media". No me importaría tampoco lanzar uno o dos cócteles molotov. Además, evitaría meticulosamente sentarme junto a miembros de la clase media en restaurantes y en transportes públicos, manteniendo incólumes la honradez y la grandeza de mi ser. Si un blanco de clase media fuera lo bastante suicida como para sentarse a mi lado, imagino que le golpearía sonoramente en la cabeza y en los hombros con una maza, arrojando, con suma destreza, uno de mis cócteles molotov a un autobús en marcha atiborrado de blancos de clase media con la otra mano. Aunque el asedio durase un mes o un año, estoy seguro de que al final me dejarían todos en paz, una vez evaluado el total de carnicería y de destrucción de propiedad. [...]

Extraído del libro La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.