Érase una vez un maestro que vivía humildemente en una choza sobre una colina junto a su mujer y sus dos pequeñas hijas. No tenían mucho dinero, pero vivían bien y eran muy felices. Un día que estaba el maestro dando clase, notó un gran pinchazo en el pecho que no cesó hasta la noche. Al día siguiente fue a visitar al doctor. Éste, después de realizarle varias pruebas, le diagnosticó una fatal enfermedad y que en apenas un año moriría irremediablemente. En ese momento, y preso del pánico, salió corriendo de la casa del doctor y partió hacia el atardecer, con la firme idea de encontrar a otro doctor que le diese una cura a su enfermedad.
Los meses pasaron en balde, uno tras otro, de pueblo en pueblo, sin que consiguiese encontrar la ansiada panacea, cada vez más agotado y triste, anhelando volver a ver a su familia y besar a su esposa, aunque fuese por última vez.
El maestro, aterrado por la idea dejar esta vida, siguió buscando incesantemente la milagrosa cura con la viva fe con la que lucha el que cree que no tiene nada que perder. Pero el aniversario de su visita al doctor de su pueblo llegó, y como si de una fatal profecía se tratara, tal y como dijo el doctor, ese mismo día murió en medio de un bosque al atardecer, sin compañía, arrepintiéndose en su postrero juicio unicamente de haber pasado el último año asustado en lugar de disfrutar de todo lo que la vida aún le podía haber ofrecido y de que este momento le sobreviniese tan lejos de su amada...
Si encontrara la manera de hacerte comprender que la importancia de un problema es la que tú le quieras ver... (El puchero del hortelano)
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3 comentarios:
Como todos, grandioso el post de hoy, pero puede entristecer muchisimo saber que esa es la puta verdad, queramos o no es el primer impulso que sufrimos ante cualquier adversidad, intentar paliarla de la manera mas eficaz posible para proseguir con nuestra vida "aparentemente" feliz, olvidandonos de que esa supuesta adversidad no es mas que una de tantas que se han presentado y que, sin ningun tipo de duda, vendran, y que si en todas empeñamos todas nuestras fuerzas para salir airosos, estaremos desperdiciando nuestras fuerzas para vivir, y sin ellas todo esta perdido, será una muerte en vida, con lo que esta carecerá de sentido.
Un buen amigo mio me dijo una vez que tu felicidad depende de ti mismo y de tu predisposición para albergarla, no de ningun factor externo.
Yo creo que te puedes ahogar en un vaso lleno de tus propias lágrimas, o puedes vaciarlo, llenarlo de Royal Swan y bebertelo mientras piensas en todos los que has bebido, y en los que. sin duda, volverás a beber.
Como siempre 100% de acuerdo con tus sabias palabras tio, por cierto, el maestro también era pastor en sus ratos libres?? jejejeje
1000 de abrazos tio
Oh gran lamedor de flacidas vergas, como siempre harto ojaldrado (sin "h", creo q lo entenderas) me hallo de tus siempres bellas palabras hacia mi persona y no menos hacia mis entradillas filosofico-laxantes. y sí, en sus ratos libres el mentado maestrillo también hacía las veces de pastor de ovejas descarriadas de la mano de dios, como tu y como yo. Un día de estos que quedemos nos pasamos por la parroquia a confesar que vivimos en un continuo pecado, pero que nos la pela y que la Iglesia que más ilumina es la que arde.....
mhmhmhmhmh, cruda verdad, pero no podemos saber que iglesia es la q mas ilumina si no comprobamos empiricamente cual es la q mas arde . . . eso si, primero sacamos todo el oro de ellas, y bañamos los paises cuartomundistas con el oro sagrado de "nuestro señor" mientras observamos como los parrocos se ahorcan desde los campanarios de sus quieridas iglesias mientras q las llamas que las consumen les acarician los tobillos, como si se tratase, paradojicamente, que el diablo les requiere ¿¿¿será por algo???
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