miércoles, 23 de mayo de 2007

De etiquetas y códigos de barras...

Desde pequeño se nos enseña a ser ordenados, a guardar cada juguete en su sitio para la próxima vez que juguemos, los encontremos más facilmente. Es práctico seguir y establecer un orden en nuestras vidas, por ejemplo, en la cocina, porque debemos dejar todos los ingredientes siempre en el mismo sitio si no queremos volvernos locos la próxima vez que vayamos a hacer las lentejas.


Y no sólo es práctico, sino comercial, pues no hay cosa mejor para promocionar un disco de música que venderlo como nu-metal o emo-core o punk-pop-rammoniano en lugar de llamarlo simplemente rock. Es cierto que no son todo lo mismo, pero ir progresivamente inventando nuevos nombre para claseficar estos productos (casi uno para cada banda, llegando a la definición que a sí mismos se dan La Pulquería: ¡¡¡corrido-punk-ska-pasodoble!!!) no tiene otro objetivo sino venderlo mejor, darle distinción.


Bueno, al fin y al cabo esto no tiene mucha importancia, realmente no creo que esto cree muchos problemas. De hecho a la gente le encanta encuadrarse dentro de una estética, unas actitudes y unas determindas amistades y relacionarse con gente que las comparta, pues ayuda mucho a definir la propia personalidad. Así pues, es como se generan la denominadas tribus urbanas: los neo-hippies, con una estética despreocupada, aunque muy medida, los malabares, los perros, y su música reggae y fusión de flamenco; los punkis, con las crestas, las chupas llenas de imperdibles, las botas militares y, evidentemente, la música punk; o los raperos, con la ropa holgada e improvisando hip-hop, cuando no escuchándolo en el mp3. Nos gusta encajar en grupos sociales, dentro de los que nos sentimos a gusto y protegidos, hasta el punto de acabar criticando y odiando al resto de grupos; casi visceralmente, sin saber porqué, simplemente punkis y hippies están destinados a no caerse bien.


Mas, al fin y al cabo, en estas clasificaciones se encuadra cada uno libremente. Pero la pretensión de ponerte una de estas etiquetas que la gente suele tener es lo que realmente me jode. Como he dicho al principio, es muy cómodo para nosotros ordenar las cosas y encuadrarlas en un ámbito concreto, pues así es como estructuramos el cerebro, además de que nos ahorra el trabajo de conocer algo (pensamos que si ya hemos escuchado el flamenco de Niña Pastori y no nos ha gustado, tampoco nos gustará Camarón, que nos han dicho que también es flamenco.....craso error). De este modo, ya creemos que es igual a otra cosa que ya hemos conocido, y, por escuxar determinada música o llevar cierta estética hay muchos valores, detalles sobre tu personalidad y comportamientos que ya se presuponen y esperan de ti. Si te gusta el punk combativo, eres un loco radical. Si te gusta el reggae y tienes rastas, fumas porros y no te duchas. Si vas vestido de negro y con el pelo largo, eres un sadomasoca y rezas al demonio.


Lo único que en realidad conseguimos poniendo estas etiquetas y dejándonos llevar por ellas es perder la oportunidad de conocer de verdad a las personas, porque las más de las veces su estética no dice nada en absoluto acerca de como son en realidad. Cada persona es un mundo, y el mundo es demasiado grande para conocerlo de un vistazo.


Ni siquiera te conozco y ya soy tu feroz antagonista... (Mamá Ladilla)

2 comentarios:

Ara dijo...

De que me suena estooo????

Anónimo dijo...

Poco habla la ropa de lo que cada uno es y lleva por dentro.
Hoy me puedo vestir de una manera y mañana de otra, y por dentro sigo siendo yo.

Quizá ese ansia y angustia por encuadrarse sea más bien ansia y angustia por definirse a uno mismo, por ser capaz de identificarse con alguien y saber quien es.
Hoy día preguntas a alguien qué como se definiría y lo más que son capaces de decirte es lo que hacen, lo que les gusta y como se ven, pero no te dicen lo que realmente son.

Encantada de leer tu blog y por supuestísimo que tienes un enlace en mi fotolog.

Te quiero feote!

Mumu!